miércoles, 12 de mayo de 2010

imágenes


Ella escupió en la cara a los arquetipos del tiempo. Se vio a sí misma, se alejó de la inquisición de la imagen, destripó entre sus dientes el último aliento del pertenecer.
“Que el mundo se queme”.” Que me queme yo”. “Que la vida tiña todo de color”
Sus ojos expiaban comprensión, un amor tan profundo, que amaba hasta el delirio, lo hermoso, lo feo, lo burdo y al tiempo y por esto a la vida ¿Es la vida algo más que tiempo? ¿Es algo el tiempo sin la vida?
Sin alianzas que la limitara, que la atara a algún destino, se vio hacer y deshacer sus años a los tumbos, con riesgo, con miedo y valor. Sus manos la delataban... eran el espejo de los mil oficios, del más nuevo al mas viejo, de esclava de las monopólicas multinacionales hasta la deseada dueña del sexo.
Hoy se levantó tan solo como mujer, hoy solo era mujer, no puta, no esclava, no obrera…solo mujer.
El sol iluminó su frente, delicada y altiva, levemente invadida por un bucle desordenado, abrazó el aire en su pecho y lloró. Sentir que sentía la conmovió, hacía de ella un ser amable, deseable hasta la locura que no inquieta porque nada de razón guarda.
Con lágrimas de tilo cerró los ojos y el calor entibió sus hinchados parpados como un beso al alba, ansiado y eterno.
Se quedó así arrumacada por el sol… entregada a una profunda sensación de quietud, de paz, alivianada veía como el agobio de haber sido tantas y nunca una, de haber tenido que actuar tantos personajes y nunca ser, de haber tenido una y mil veces que morderse para evitar salir, de haber tenido y debido pero nunca querido. Se despedazaba como un espejo que aterrado se divide y subdivide intentando escapar del piso carcelero, ahora que era mujer, humana, persona, se veía morir.
La respiración se hacia lenta y profunda, sus músculos se contraían intentado retener, aunque más no fuese, un ratito más el tiempo… la vida.
Quizás pasó así la eternidad, quizás unas horas, a lo mejor tan solo unos minutos, entonces sus ojos, fríos, se reabrieron…renacían en un invierno hostil, que invitaba a dejar que el aliento dibujara en el aire los recuerdos del mundo, de un mundo maltrecho, repleto de rótulos y olvido.
Aspiró profundo, calentó el aire en sus pulmones y lo dejó salir, para que dibujara en el helado entorno un arco iris de sentires y sentidos. Y por primera vez en el día vio el amor, dos cuerpos encendiendo el espíritu de la carne, entre caricias y naufragada saliva, entre vientres y muslos… las historia que la historia olvida… lo humano que la humanidad desprecia.
La imagen se alejaba, se disipaba como acuarelas en un lienzo sin fondo, en el infinito universo, entre los astros y más allá y ella allí inmóvil atada al piso bajo una inmensa capa de hielo, quiso ser parte de lo velado, de esos cuerpos, de su cuerpo, de su vida, de sí misma.

Cerró los ojos con fuerza, intentaba un pase de magia, una inquietante mueca por despertar aquello que de nuestro cerebro nadie sabe, pero todo fue en vano, al abrirlos no sintió ni el frío de la muerte, ni la tibieza del sol, de los cuerpos amantes nada quedaba, de ella solo subsistía un personaje en un asqueroso trabajo que volvía a extraviarla hacia una nueva función, a un nuevo acto de lo que inútilmente llaman vida
Así la imagen volvió apoderarse de ella, ella volvió a ser una imagen de puta, de obrera, de ama de casa, solo una imagen pero ya no mujer, persona, humana.

jueves, 29 de abril de 2010

Poexia boba

Si has andado el mundo
Y los pies no te duelen,
No te sangran escamados…
Errantes en la mugre.

Si has visto el mundo
Y la ceguera no quieres,
Pues nada te impresionado
Ni los cuerpos inflamados

Entonces eras ciego,
Y nada por pies traías.

si has sentido el mundo
y la lagrima no llega,
no es parida por la furia.
Por la rebeldía y la angustia.

Si has oído el mundo
Como melódica armonía
Que danza entre las risas
De los que van zafando.

Entonces eres sordo,
De espíritu helado,
Entonces eras la muerte
La más funesta muerte.

la escribi hoy y me parece horrible....

domingo, 25 de abril de 2010

Hay alguien más

Doy un paso tras otro, mientras el eco me persigue. Tengo la impresión de que alguien más viene conmigo y me vigila. Esto no es algo nuevo, pero la sensación se hace de mí y me dirige, por más que giro la cabeza una y otra ves, en la medida que avanzo, no alcanzo a ver nada., la oscuridad profunda devora lo que dejo atrás. El eco es ensordecedor en la quietud de la noche.
No quiero detenerme, falta poco, unas cuadras más y llego. No puedo ir más rápido el corazón me va a estallar, pero ahora sí escucho los pasos de otro a mis espaldas. ¡Si!, eso no es el eco. Hay alguien más.
El miedo endureció mi cuello y ya no miro hacia atrás. No debí salir, nunca debí salir, pero ya es tarde, estoy aquí arrojado a lo que me acecha, a lo desconocido. Se acerca, lo siento, me alcanza ineludiblemente. ¿Será la muerte? ¿Qué se puede hacer frente a lo inevitable?
Frené entonces, los ojos cerrados, y la nada. Estuve inmóvil en mi sombra en la eternidad de un segundo, y luego nada más. Todo cae en una estrepitosa calma, un pie tras otro, todo vuelve a empezar. De frente una luz carcome mi visión, hasta que pasa a mi lado la carrocería rugiente que la guiaba.
Una vez dentro de la casa, me arrojo sobre el diván, los parpados caen como persianas metálicas. Morfeo se adueña de mí ser y me arroja a la tierra de la ponzoña, allí el temor y la certeza no son útiles y me dejo arrastrar.
El nirvana estalla, cuando el ruido de la puerta atraviesa la sala, un solo movimiento alcanzó para verme erguido. Los golpes continúan, no respetan tiempos ni silencios, se amontonan, se superponen, matándose unos a otros, es una anti-melodía que danza al son del terror, pero no de cualquier terror sino del mío.
-Por favor abra la puerta, alguien me esta siguiendo-. La voz está sostenida en una dulce y pendulante desesperación, es tan hipnótica, que me empuja hacia el picaporte. Las lágrimas lavan el rostro de la belleza, que de un salto me enviste hacia el interior, cerrando la puerta. Con la brutalidad del destino, sin decir más se oculta en un rincón, la miro, intentando salvarla de la pena, es evidente que sufre. Ella me esquiva, se pierde en el infinito buscando las respuestas de una pregunta que nunca fue formulada, estática e inquieta, desnuda un nuevo deseo en mi perdida alma. Ya no quiero salvarla, su inocencia me lastima, se que no quiere pero lo hace igual ¿Por qué no se comunica conmigo? ¿Ella lo sabe? ¿Pero qué sabe?
La multiplicidad de interrogantes no me inquieta. Nada parece afectarme más que su presencia, los ecos no son ya otra cosa que una imagen desvirtuada de mí, de un yo que ahora muta hacia otra posibilidad, en busca del poder que sabe dar el sometimiento de otro. El sentirme vigilado me lleva a vigilar, el sentirme acechado me lleva ahora a acechar. Y ella inmóvil, como esperando ser cazada. La escena no tiene sentido sino a la luz del puñal que completa mi mano y se dispone a desgarrar hasta el éxtasis la piel del amor que se ha negado.


Nunca negué conocerla, ni haberla seguido, ni desearle la muerte. Fue mi obsesión hasta la locura, aunque creo que nunca lo supo. Me brindó la inseguridad y el terror de la soledad, esa angustia que desdobla al hombre en víctima y victimario, y solo por ella y para ella supe actuar los dos personajes.
Ahora su cuerpo me pertenece, como también su alma, y los devoro para llegar al uno. Ya nada temo, me he conocido. Ya nadie me sigue, tan solo soy yo.

viernes, 16 de abril de 2010

futuro

La locura del silencio,
Destella sombras pasadas,
Empujando luz y nada,
Desnudando la ausencia,
De los vivos,
De los muertos,
De los que no fueron.
La muerte sonríe,
Espontánea e histérica,
En los labios del asesino,
Que sumerge destinos,
Que deshoja caminos,
Que solo alienta el olvido.
Pero el tiempo señor de todo,
Allanado,
Decomisado,
Torturado,
Traerá desde lo indecible la rebelión

emiliano Pardavila Ediciones evaristo 2010 "Poemas Fracturados"

martes, 30 de marzo de 2010

De la decadencia



Esta es la tapa de mi libro que saldra en breve, más alla de que aun conserva un error la subo igual...
la pintura original es de Vanesa Garcia...a la que estare por siempre agradecido

martes, 9 de marzo de 2010

Saberse Humano….


Saberse humano, es pensarse finito, limitado solo por el tiempo y el espacio, sin más sentido que la potencia de la vida, en una incertidumbre que duele y salva. Es soñarse, proyectarse.
Saberse humano, es crearse, con toda la lucha que esto implica, entre el deber y el querer. Es vivir sin más que vivir, pues la muerte es el abismo, siempre presente, del no ser.
¿Pero qué sucede cuando saberse humano da miedo? ¿Cuándo el proyecto se ve truncado por la nefasta ecuación del costo- beneficio? ¿Cuándo la “estupidez afectiva” de trascender en el cielo o en la tierra vela todo fin? Es ahí, cuando saberse humano es no ser más que una bestia de carga, que no carga más que la ausencia de sí mismo, el goce queda para un mañana que se eterniza, en las sombras de la explotación.
La vida y el saberse humano se ven reducidos a una práctica cotidiana, que la cultura sublima, como plenitud. Y el límite, más limitado que nunca, nos limita aún más.
La libertad, condición absoluta, es enjaulada por los patrones de la verdad de lo posible, pero ¿Qué es lo posible? ¿Es algo más que el asesinato premeditado del proyecto o el sueño?
¿El proyecto y el sueño son la simple condición de aquellos que no se acostumbraron a la idea que sostiene, que vivir no es más qué acostumbrarse a morir? ¿Qué sería de los hombres y de las mujeres si de una vez por todas se sentaran frente al espejo para algo más que para confirmar patrones de belleza y se preguntaran, pero por qué debo si no quiero?
Saberse humano es llorarse, es perderse y encontrarse, es no salvarse, es amarse y cuando no, odiarse. Saberse humano es treparse a sí mismo, es gozarse e incluso matarse, aunque siempre consciente de que se Es una vez.
Pero hoy, saberse humano es no saberse, es ser útil para lo inútil, es ser asesinado por la dignidad de lo indigno, es alimentar aquellos que sin sus manos han construido la muerte de toda humanidad. Es sangrar en la fábrica, en la oficina, en la escuela, en la universidad, en la calle, ante la exigencia de que el dolor no duela.
Saberse humano, hoy, no es otra cosa que el puto olvido de las ficciones que determinan la no vida que vivimos, estos escombros de la cultura del dinero, que nos aplastan, que nos terminan antes de que empecemos, es olvidarse de sentir profundo.
En llantos muchas veces me digo sábete humano, pero hay cosas que no dependen de la sola conciencia, dependen de que la humanidad recuerde que saberse humano es simplemente decir que lo imposible no es más que una limitación anti-humana, la utopía del ultimo hombre, de los seres sombríos, grises.
Emiliano Pardavila "De la decadencia"
Este texto pertenece al libro titulado "de la decedencia" que será publicado el en abril por la editorial nohayverguenza
ilustracion Original Vanesa y Gabriela García